Bye Barcelona, nos vemos pronto
A eso de las cinco de la mañana, mientras yo estaba profundamente dormido, llegó llorando como loca una de las siete nenas que dormían en mi cuarto. Inconsolable, pensé que también la habían robado pero no, era un caso de despecho, su novio por teléfono le había terminado y nadie podía calmarla, estaba bajo los efectos de una botella de Bacardí Limón con Fanta. No pude dormir más como por dos horas. Mucha perra. Me había vuelto a descontrolar el sueño con sus problemas que poco me importaban.
Logré dormirme como a las 6:00am, me desperté a las 11:24am.
Definitivamente no quería salir de la playa, pero sabía que Barcelona tenía más que ofrecer. De verdad no quería ir a museos, ni a ver más construcciones de Gaudí, por más que lo admiro.
Me fui para la Plaza de Toros Monumental de Barcelona. Le di la vuelta caminando y por dentro decía (si fuera la Cañaveralejo de Cali, darle la vuelta me habría tomado ocho veces más). Estaba abierta y adentro hay algo que se llama el Museo Taurino, pagué €5 para entrar. Podría ver los toriles y acceder ilimitadamente a la plaza. El museo me importaba un cuerno.
Siempre he sentido un interés particular por las plazas de toros, me parecen hermosas y esta, que debe ser muy vieja, era preciosa. La recorrí de arriba abajo, de lado a lado, de este a oeste, de sol a sombra. Entré al museo y lo más interesante es que tienen una colección de trajes famosos que muestran la evolución tanto de los trajes como de los trastes de lidia desde los inicios del toreo, de hecho, tienen el primer traje de toreo de la historia que más que bonito es muy chistoso.
Ya era hora de almuerzo y definitivamente estaba mamado de comer en Burger King y McDonalds, necesitaba un almuerzo decente y me fui a caminar por las Ramblas en búsqueda de un plato de comida. Llegue hasta algo que no conocía y se llama “La Rambla de Mar” y es de no creer.
Una de las cosas que más me impacta de Barcelona es relación ciudad-mar, el papel que el mediterráneo juega en la cotidianidad y sobre todo en el diseño urbanístico. Encima y alrededor del mar hay muchas construcciones, entre ellas el Centro Internacional de Negocios o World Trade Center, La Vila Olimpica, el Forum, etc.
La Rambla de Mar es un camino sobre el mar que desemboca en un centro comercial bellísimo donde hay locales comerciales, cines y todo lo que hay en los centros comerciales pero muy bien hecho.
Encontré un Fresc Co, que es un restaurante dónde uno paga un valor, en este caso €9,95 y puede uno comer todo lo que quiera. El gran limitante para mi es que no incluye bebidas, sin embargo, el hecho de ver arrocito, papitas, ensaladita y todo aquello que añoraba (claro que carne no) era un aliciente para mí y para mi maltratado estómago.
Almorcé demasiado y quede con mucho sueño, me fui entonces para el hostal a dormir un rato y ese rato se prolongo por una hora y media. Ya eran las 5:30pm y sabía que necesitaba comprar mi pasaje para Valencia, no quería que una historia como la de días anteriores se repitiera por nada del mundo. Fui a la Estación de Nord y listo.
Estuve en el Barrio Gótico, que aunque había estado antes, esta vez tenía un despliegue artistas, profesionales y amateurs que le dieron una atmósfera muy particular a la tarde. Entre estos, había una banda de música típica catalana y muchos viejitos bailando danzas típicas cogidos de las manos en grandes círculos. Casi me pongo a llorar.
De ahí me fui a conocer la sede del Forum que queda sobre la playa, tomé luego un bus hacia la Barceloneta y en su recorrido me fui planeando la estrategia que me permitirá vivir un año en Barcelona. Luego la publicaré aquí mismo, pero lo que se cuenta se daña.
Me despedí de Barcelona con los pies en el mar, un profundo sentimiento de melancolía se apodero de mí, tengo la “seguridad” de volver dentro de poco para quedarme un buen tiempo, eso espero, ley de atracción.