A la Valenciana
Hoy me levanté muy temprano. Mi bus salió a las 10:00am en punto. He tenido problemas con mi maleta, se me esta rompiendo por debajo y en el trayecto desde el hostal de Barcelona hasta la Estación Nord de autobuses mi maletica sufrió graves averíos que solucioné rápida y antiestéticamente con cinta autoadhesiva. Ojalá aguante.
El viaje estuvo perfecto. A diferencia del trayecto Madrid – Barcelona, esta vez me tocó en un bus decente, amplio, cómodo y que iba lleno sólo a la mitad. Traté de no dormir para verlo todo pero fue imposible.
La salida de Barcelona fue impresionante, ver el puerto, sus autopistas, sus trenes, montañas de containers, cruceros, buques, gruas, me puso a reflexionar demasiado sobre la capacidad logística de nuestro país. He intentado no hacer comparaciones para no sufrir, pero es imposible.
El viaje de Barcelona hasta Valencia se hace bordeando el Mediterráneo, los paisajes son absurdamente hermosos, dura casi cinco horas y segundo a segundo, si uno no se duerme, son de recreación paisajista con señalética en catalán.
Llegué a Valencia a eso de las 2:00pm, estaba haciendo un calor el macho, como para derretirse sobre la calle, me tomé una cerveza polaca helada con 6,8 grados de alcohol y me ayudó a soportar el trayecto caminando, bajo un sol inclemente, hasta el hostal Indigo que queda a unos 700 metros de la estación.
Los andenes en España tienen relieve, como cuadritos, es jartísimo cuando uno tiene una maleta de ruedas a punto de destruirse, le da a uno la impresión que no aguantará dos metros mas de brincos sobre el asfalto.
Me di cuenta, gracias a carteles en la calle, que pronto se presentará Darío Gómez en Valencia, espero no saber más al respecto.
No se si es porque acababa de llegar de una ciudad como Barcelona que ofrece emociones segundo a segundo, metro a metro, pero al principio y de hecho hasta ahora Valencia me ha parecido un poco aburrida. En realidad no hay mucho para hacer a parte de caminar por callejuelas medievales, pero soy de los que prefiere ambientes más cosmopolitas y urbanos.
Esta ciudad tiene una estética particularmente española y claro, mucho más tradicional. Dá una visión más pura de la vida típica de los españoles. Hay muchos viejitos amables, muchos más que en Madrid y en Barcelona, mucho más amables porque igual viejitos hay por toda Europa.
Conocí la calle de las putas, quizá fue lo más emocionante de la tarde, en la esquina queda un bar que se llama El Amante y mantiene lleno de abuelitos muy elegantes y con cara de santos que salen a tener encuentros furtivos a cambio de algunos euros. Me imagino que en Valencia las putas deben ser más baratas, aquí todo es más barato, mientras que una Coca Cola en Barcelona puede costar €1,80, aquí vale €0,75.
Empezó a anochecer y definitivamente ya no tenia más que hacer. Conocí el Ayuntamiento y camine por el centro de la ciudad. Ahora estoy en el hostal dispuesto a dormir y a descansar, Valencia ha traído relax para mis agitados días.