¿Cómo se dice Kaiserstraße?

Todo estuvo tranquilo, pensé que iba a estar un poco más complicado llegar al avión, creo que es el síndrome de pasaporte colombiano: qué tal que me pidieran certificado de vacunación o cualquier otro documento tal como pasa en mi país y su requisitomanía.

La cosa estuvo fácil, miraron por encima mi pasaporte y para dentro.

Esperé bastante para subirme al avión pero por fin lo logré. El vuelo de casi 8 horas estuvo perfecto. Tal como en otros trayectos, aunque el vuelo iba lleno, me tocó solo en el asiento. Este aspecto me empieza a preocupar ¿será que nadie se quiere hacer a mi lado? o ¿será casualidad?.

Continental Airlines tiene un sistema de pantallas detrás de los espaldares del avión que permite ver películas por demanda, tiene 20 canales de música, juegos y un sistema de navegación para uno ir viendo por dónde va.

Me fui jugando blackjack y viendo por dónde íbamos pasando aunque al principio fue aburrido porque todo era mar, comí lasagna (el servicio de Continental es muy bueno) y me quedé dormido. Cuando desperté íbamos sobrevolando Inglaterra, cómo un idiota pegado de la ventanilla me quedé y lo mejor de todo, en la pantallita del asiento decía cómo se llamaba lo que veía abajo. Ojalá tuviera el sistema de Google Maps y seía perfecto.

Aterrizamos a eso de las 10 de la mañana y me quedé aterrado con el tamaño del aeropuerto de Frankfurt y de los aviones que ahi aterrizan, entre ellos el Airbus 380. El avión en que iba por un momento se convirtió en bus y tuvo que andar mucho dentro del Flughafen (aeropuerto en alemán) para encontrar parqueadero.

Pase inmigración como si estuviera untado de mantequilla, de una!. Seguro porque venía en un vuelo de USA, no faltó sino que me empujaran para entrar a Alemania.

Salí y lo primero que hice fue a cambiar mis dolaritos por euros. Fue traumático, que a uno le den “menos” por lo que uno siempre ha considerado como “lo mas” es literalmente “dolaroso”. Por 350 dólares que llevaba en efectivo me dieron tristes 199 euros, con moneditas y todo.

Después, con “plata en mano” salí a tomar el tren. No pensé que fuera a ser tan difícil. Todos los conceptos de usabilidad han sido rotos por los alemanes. Sus máquinas expendedoras de pasajes para el tren son de lo peor para los que no hablamos su idioma y tengo la sospecha que para los que lo hablan también.

De no ser por un oficial, al parecer militar, que iba pasando y al que le dije con señas que me ayudara no se qué hubiera hecho. Muy amablemente hizo todo el esfuerzo por entender mis señas y por entender de mi boca la palabra Kaiserstraße que es el nombre de la avenida dónde queda mi hostal.

Me costó 3.6 euros el pasaje y lo que más me sorprendio es que por ninguna parte lo piden, uno se puede ir subiendo al tren asi como asi, no hay nada que impida que la gente se haga la loca con el pasaje aparte de su ética, no hay que brincar nada, uno va entrando y ya.

No entendía el mapa del tren, es super complicado y lleno de palabras ilegibles y mucho menos pronunciables para mi.

Me llamó la atención que los asientos del metro estaban abollonaditos, tapizados, limplios y hermosos. Todo parecía nuevo, no como en el metro de New York, donde en cada vagón que se respete hay por lo menos un borracho dormido, un graffiti y un New York Times desparramado en el piso hoja por hoja.

Llegué a la estación central, se llama Hauptbahnhof, Kaiserstraße, que era para dónde iba, queda al frente y el hostal está a una cuadra.

Cuando salí a la luz, quedé embobado con la imagen que mis ojos tenían en frente: tienen tranvía, los carros son Mercedes, los taxis son Mercedes, ¿todos serán ricos aquí?. Si yo tuviera con qué comprar un Mercedes no sería taxista!.

Siempre he sabido que para cogerle el tiro al horario (7 horas de diferencia con Colombia) uno no se puede dormir antes que sea de noche. Es decir, aunque para mi biológicamente eran las 4:00am, aquí eran las 11:00am, la cosa es que aquí se pone de noche a las 10:00pm, osea que el esfuerzo por no dormirme era grande.

Compré un adaptador para mi computador, aquí los tomacorrientes son distintos. Dejé mi maletín en el hostal que además esta muy bacano y mucho más relajado que el de New York y salí a caminar por ahí.